Compañeros de piso y Feng Shui

En Feng Shui la energía viva no sólo se reduce a las plantas sino también se identifican en ella las piedras (actualmente de moda en temas como la gemoterapia), los animales, las fuentes, los carillones o los móviles de sonido, la ventilación y todo aquello que provoque cambios y movimiento en la energía. Sin embargo no todo movimiento es bueno: las plantas dependen de su consumo de oxígeno o de sus formas para ayudar a la fluidez por lo que un kalanchoe y un poto no se pueden colocar en el mismo área. Los animales domésticos, desparasitados, con unas normas de higiene y de conducta (o unos límites como en el caso de los habitantes de terrarios) no dejan la misma energía que cucarachas o ratones no invitados (¡algún día hablaremos del Feng shui de un laboratorio!). Una corriente de aire que oxigena la habitación deja de ser beneficiosa cuando provoca que vuelen papeles o se caigan las cosas. Recordamos pues el dicho: todo es bueno en su justa medida.

Eso es algo que el Feng Shui exige: la justa medida en proporción a lo que es correcto para cada uno. Si recuperamos el comentario de los animales, no me va a dejar la misma energía un perro o un gato convenientemente limpio y educado (cada casa pone sus normas) que uno que tenemos en casa, sí, pero semiabandonado o ejerciendo de “dueño” de la casa. Tan malo es dar prioridad a la mascota en este caso como casi ignorarla. Para Feng Shui es muy importante quien es “dueño” de la casa: si termino definiendo mi día a día en función de las plantas, la decoración, la limpieza o las mascotas, si terminan siendo más importantes que la propia fluidez de vida hay que valorar problemas.

Quizás con el ejemplo de J. lo podamos ver mejor. J. recogió un perro de la perrera, que iban a sacrificar y que estaba muy asustado. Lo llevó al veterinario, se encargó de él, pero el animal seguía asustado. Cada vez que salía de casa se ponía a aullar y su dueño se iba con remordimientos. Volvía del trabajo a deshoras para que el perro no estuviese solo y poco a poco empezó a llevarse el trabajo a casa para hacer compañía a la mascota (su trabajo lo permite perfectamente).

Sin embargo el trabajo comenzó a atascarse, tuvo problemas familiares y dos intentos de robo seguidos en el negocio, lo que le llevó a pensar que había colocado mal las cosas del animal según el Feng Shui (porque las cosas empezaron a torcerse al mes de estar este en casa). Cuando fui en su ayuda descubrí que las cosas del perro, sus juguetes, sus mantitas, tooooodooooo dominaba la casa. Había llegado al extremo de tener bebederos en todas las habitaciones para que cuando lo siguiese por la casa pudiese beber en todos los sitios y no tener que ir a uno concreto. Conclusión: el dueño de la casa era la mascota. No tenía que hacer un gran trabajo de Feng Shui: simplemente darle el teléfono de un educador canino y establecer un lugar estricto para las cosas del perro dentro de la casa (resultó ser la zona noreste), así como unos horarios para cada cosa ya que el área de trabajo no podía tener ningún elemento de la mascota (también J. necesitó un “educador” para no sentirse un mal dueño). En breve empezaron a solucionarse las cosas a nivel laboral y familiar y hasta donde sé no ha vuelto a tener más sustos con robos.

Comentario al respecto: los ladrones en Feng Shui se los considera “parásitos” que obstaculizan tu fluidez y en este caso esa falta de fluidez estaba tapada por lo que J. consideraba ser un buen dueño. A veces hace falta la objetividad de un profesional, de un amigo valiente, que se atreva a decir verdades, de un colega, etc. ¡pero en cualquier caso se necesita querer escuchar! Si vamos a plantear solamente nuestros razonamientos como válidos porque lo consideramos así, estamos en nuestro derecho (¡desde luego!) pero eso no significa que las consecuencias sean sólo las que nosotros pensamos. En este caso el propio animal mejoró cuando el educador y J. pusieron los límites, no sólo se trataba de consecuencias para el dueño.

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