Macrobiótica en invierno

Macrobiótica al son del invierno

La búsqueda de ese estar equilibrado rige cada una de las tareas de nuestro cuerpo que, para hacerlo de manera eficaz, cuenta con una estructura organizativa basada en el concepto de opuestos-complementarios. Así, por ejemplo, el corazón funciona gracias a movimientos de dilatación (se llena de sangre) y de contracción (expulsa la sangre) y siguiendo el mismo esquema, las arterias alternan la vasodilatación y la vasoconstricción para hacer llegar esa sangre a cada célula. Los pulmones se llenan de aire y oxígeno en la inspiración, expandiéndose y expulsan aire con dióxido de carbono en la espiración, exprimiéndose. Los huesos cuentan con células formadoras de tejido (osteoblastos) y células destructoras de tejido (osteoclastos) y de la acción coordinada de ambas resulta un tejido óseo sólido, bien estructurado y de calidad. El movimiento del cuerpo es posible cuando un músculo se acorta y su opuesto es elongado; dos propiedades igualmente necesarias para la actividad muscular eficiente: contraerse y dejarse alargar. Siguiendo esta ley de alternancias, cada uno de los tejidos corporales se renueva aSigue leyendo...
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Iniciarse en la Macrobiótica II, con Paz Bañuelos

Retomando el artículo publicado en el número anterior de Vida Natural, y en base a lo expuesto en él, vamos, en esta ocasión, a ir concretando el modo de llevar a cabo la instauración progresiva de una alimentación Macrobiótica y el para qué de tal propósito. Resumiré brevemente lo comentado en dicho escrito, como recordatorio para quien lo leyó, cómo referencia para quien no tuvo oportunidad de hacerlo. Se planteaba en él el uso de Cereales integrales, Legumbres, Verduras frescas de temporada, Semillas naturales y Pescados y otros productos de mar como base de la dieta habitual. Expuse, también, los porqués de la importancia de elegir productos naturales, integrales y ecológicos, de seleccionar verduras y frutas de temporada producidas en nuestro clima y de desechar los alimentos y preparados tratados con aditivos químicos en cualquiera de las fases de su elaboración, así como los alimentos denominados “refinados”. Recordar que, como comentábamos entonces, la salud no se lleva bien con el azúcar, los derivados cárnicos y los lácteos, por lo que a mayor presenciaSigue leyendo...

Iniciarse en la macrobiótica

Cuando oímos hablar de las bondades de la Macrobiótica y, sobre todo si alguien nos relata su propia experiencia y los beneficios que ha obtenido al practicarla, es inevitable sentir el impulso de probar. Sin embargo, la Macrobiótica tiene la inmerecida fama de ser complicada en su ejecución y seguimiento y esta premisa suele con frecuencia disuadir a quienes la observan desde lejos. En primer lugar quiero desmentir categóricamente este supuesto. El método Macrobiótico plantea una alimentación sencilla con productos básicos y preparaciones fáciles al alcance de cualquiera. ¡Vamos a verlo! Por ejemplo, para empezar, la Macrobiótica considera el arroz como un producto básico. ¿Quién no ha comido arroz? Forma parte esencial de la tradición culinaria de nuestra cultura. La legumbre… lentejas, garbanzos, judías… Esto también le suena familiar ¿verdad? ¡Pues ya tenemos una base interesante! Seguro que también ha oído hablar de las semillas de calabaza, de girasol, de sésamo… ¡Cuántas reuniones de juventud entre las entrañables pipas! Y… ¿el pescado? Qué decir de las verduras… en un país plagado de huertas. Pues mire… ConSigue leyendo...

Macrobiótica: Salud integral

La Macrobiótica nos propone comer y vivir creando salud física, mental, emocional y de espíritu. George Osawa, el filósofo japonés que la introdujo en Occidente, expone en sus escritos cómo este sólido bienestar individual desarrolla en el ser humano la capacidad del juicio supremo, la semilla de una sociedad igualmente bien nutrida, saludable, feliz y justa y, como tal, pacífica. En el plano concreto de la salud individual, la Macrobiotica propone el regreso a una alimentación natural, eficiente y limpia, partiendo del hecho de que en nuestra industrializada sociedad, una parte importante de los productos que consumimos no cumple la función de nutrir, sino más bien la contraria. La agricultura y la ganadería actuales están basadas en el uso continuado de químicos que reducen el valor nutricional e intoxican los alimentos (herbicidas, pesticidas, abonos químicos, antibióticos…); la industria alimentaria manipula los productos mediante el refinado, el precocinado, la adición de aditivos químicos o radiación, la modificación genética, etc. En cada una deSigue leyendo...