Alergias alimentarias

Según  datos de la OMS, las enfermedades alérgicas se han duplicado en los últimos 20 años en los países occidentales en España, se calcula que en torno a un 2,5% de la población adulta, y un 7,5% de los niños durante el primer año de vida, se ven afectados por reacciones alérgicas a los alimentos. Sin embargo, las reacciones alérgicas a la ingesta de algunos alimentos no son una “nueva enfermedad”. Algunos manuscritos chinos ya mencionan el tema en el año 2.500 A.C., y el médico griego Hipócrates describió con detalle los síntomas de la “contaminación de la sangre por bilis” tras la ingesta de leche de vaca.

Pero, ¿por qué reacciona nuestro cuerpo ante algo que en principio debería resultarle inocuo? Imaginemos que nuestro organismo es como un castillo, asediado desde el exterior por “enemigos” de los que debe defenderse (microbios, virus, agentes contaminantes, etc.). El encargado de esa defensa es nuestro sistema inmunológico.

Si la respuesta de nuestras defensas es excesiva aparecerá una reacción de hipersensibilidad; la más conocida, la alergia. En la reacción alérgica está directamente implicada la Inmunoglobulina E (IgE), un tipo especial de anticuerpo que normalmente nos protege de los parásitos, pero que en una persona alérgica se dedica a plantar batalla frente a sustancias aparentemente inocuas, como los pólenes y los alimentos. El proceso alérgico comienza cuando un alérgeno (que en el caso de los alimentos suele ser la proteina de los mismos) hace que el organismo produzca grandes cantidades de IgE, que se depositan en la superficie de las células que conocemos como mastocitos, las cuales se encuentran principalmente en las mucosas (respiratoria, digestiva, y la propia piel). Como  respuesta estas células liberan histamina y otros agentes químicos que a su vez producen una dilatación de los vasos capilares, hinchazón en los tejidos, contracción en los músculos de los bronquios, irritación de las fosas nasales… los síntomas de la reacción alérgica.

Es bastante común en el caso de las reacciones ante alimentos que estas se den en dos fases, una más leve cuando se está consumiendo, y otra más acusada unas horas después, lo que viene a llamarse fase tardía de la reacción alérgica. Es por ello que muchas personas que sufren brotes repetidos de ronchas o hinchazón en la piel, y lo que ellos consideran “malas digestiones”, no llegan a relacionar el consumo de un alimento concreto con los síntomas posteriores, y por tanto, muchas alergias leves se quedan sin diagnosticar.

SÍNTOMAS

Los principales órganos involucrados en las alergias alimentarias son el tubo digestivo, el sistema respiratorio y la piel, dado que en todos ellos abundan las células que liberan histamina, que es en último término la desencadenante de los síntomas físicos. Los más habituales son:

  • en el sistema digestivo: nauseas, vómitos, dolor abdominal y/o diarrea de aparición brusca, hinchazón de la lengua y los labios.
  • en la piel: enrojecimiento de la superficie cutánea, eczema, urticaria, angioedema (tumefacción de la piel similar a las ronchas, pero en capas más profundas), dermatitis.

Cuando la reacción se produce únicamente tocando el alimento se denomina urticaria de contacto.

  • sistema respiratorio: irritación de boca, nariz y garganta, tos seca, dificultad para respirar, estornudos, opresión y dolor en el pecho.

La reacción más grave delas alergias alimentarias es la que conocemos como anafilaxia, aunque solo un 2% de las personas alérgicas a algún alimento tienen posibilidades de desarrollarla. La anafilaxia se caracteriza por el compromiso simultaneo de varios órganos, y puede afectar también al aparato cardiovascular: se altera el ritmo cardiaco y desciende la tension arterial de modo que el paciente puede sufrir una pérdida del estado de consciencia; es lo que se denomina shock anafiláctico. En estos casos se requiere una intervención con antihistamínicos y/o epinefrina. Pero, ¿cómo saber si tenemos alergias alimentarias? Cuando nos resulta sospechoso debemos hacer unas observaciones básicas que ayudarán al médico a diagnosticar:

  • si lo que hemos comido era un alimento manufacturado, recuperar la etiqueta de ingredientes.
  • intentar recordar cuanto y cuando se comió y cuanto tardaron en aparecer los síntomas.
  • hacer una descripción detallada de todos los síntomas.
  • es importante determinar si se han sufrido los mismos síntomas en otra ocasión y qué se comió entonces.
  • otros factores, como haber practicado ejercicio físico, o estar tomando algún medicamento, también pueden influir en la reacción alérgica.

Los métodos más habituales para comprobar si el alimento sospechoso causa las alergias alimentarias son las pruebas cutáneas y el análisis especial de sangre. Las pruebas cutaneas consisten en aplicar sobre la cara interna del antebrazo una gota de un extracto preparado del alimento en cuestión, y hacer después una pequeña incisión con una lanceta. Si el paciente es sensible al preparado, aparecerá una roncha rojiza rodeando la incision.

En cuanto al análisis, partimos de que en un individuo no alérgico las cantidades de Inmunoglobulina en sangre son mínimas, mientras que en los alérgicos las cifras pueden ser muy elevadas. La tecnología de hoy en dia permite no solo medir la cantidad de Inmunoglobulina, sino también la que se produce en respuesta a un determinado agente (en este caso un alimento). Esto permite determinar si se es alérgico y en qué medida.

TRATAMIENTO

La medicina convencional propone como único tratamiento una dieta de eliminación, que consiste en excluir totalmente de la dieta el alimento o grupo de alimentos a los que está sensibilizado el paciente. En muchos casos esta medida hace que, con el tiempo, el organismo pierda su capacidad de reaccionar frente a ese alimento, y el paciente pueda tolerarlo cuando lo come de nuevo.

Resulta un método bastante efectivo en niños, y con la dieta de eliminación la mayoría de las alergias alimentarias (especialmente las más comunes, leche y huevo) tienden a desaparecer en los primeros años de vida. Sin embargo los pacientes que han desarrollado una sensibilización alimentaria en la edad adulta, o que son diagnosticados a esa edad, tienen menos probabilidades de normalizarse aunque eliminen el alimento de su dieta.

Se cumple la premisa “No hay enfermedad, hay enfermos” ya que cada caso debe llevar un seguimiento individualizado y es muy difícil pronosticar la evolución de una alergia. Si el alergólogo ve una evolución positiva, realizará lo que se conoce como prueba de provocación, que consiste en administrar el alimento al paciente en dosis crecientes y en un entorno controlado, para certificar que efectivamente ha dejado de ser sensible al mismo.

Como veremos en las siguientes páginas, la naturopatía, que tiene en consideración la dimensión emocional y energética de la enfermedad, propone otros enfoques y alternativas. También el tratamiento homeopático puede resultar eficaz a la hora de restaurar el equilibrio del sistema inmunitario, ayudando a que vuelva a reaccionar con normalidad ante los alérgenos.

Bibliografía:
Alergias alimentarias. Dr. Roberto Pelta. Ed. Santillana, 2007.
Manual de Alergias alimentarias. A. Malet Casajuana y otros autores. Ed. Masson, 1995.

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