pilates y postura

Pilates y postura

Se dice “que el cuerpo no sabe nada de los músculos, que sólo conoce el movimiento” y en efecto, nuestra capacidad para producir y controlar el movimiento inunda todos los aspectos de nuestra vida.

Pilates: el movimiento corporal condiciona nuestra postura

Nuestro cuerpo, posee una estructura móvil capaz de realizar múltiples movimientos en tres planos. Esta estructura se ha ido modelando a lo largo de miles de años para satisfacer todas nuestras necesidades en un entorno con diversos escenarios. Llevamos una vida dinámica que se desarrolla en todas direcciones y en constante lucha contra las fuerzas gravitacionales.

Los cientos de huesos y articulaciones del cuerpo con distintos grados de libertad proporcionan un abanico muy amplio de movimientos posibles en los que nuestro cuerpo se sitúa entre el equilibrio y el desequilibrio. Nuestras actividades diarias, los movimientos cotidianos de índole laboral, hobbies, deportes, etc. pueden producir diversas adaptaciones musculares que derivan en distorsiones de la movilidad, molestias, dolores y con el tiempo, lesiones más severas. Por ejemplo, la articulación del hombro, con un gran arco de movimiento en los tres ejes, hoy en día es esclavo de solo unos pocos movimientos repetitivos. Solo aquellas personas que han sufrido una restricción del movimiento por una lesión, son conscientes de la necesidad de una movilidad saludable. De forma sistemática, los desequilibrios corporales ocurren en dos zonas concretas: en la pelvis (cintura pélvica) y en los hombros (cintura escapular).

Estos desequilibrios llevan a patrones de movimiento deficientes que se transmiten por todo el cuerpo y alteran nuestra postura estática y/o dinámica. Entendemos por postura estática la alineación corporal mantenida en una situación específica de quietud (tumbada, sentada o de pie). La postura dinámica es la actitud corporal adoptada durante el movimiento (actividades cotidianas, caminar, correr, etc.). Si nos fijamos en como camina la gente, vemos que muchos van empujándose hacia delante con la mitad inferior del cuerpo, con el sacro debajo de la columna, arrastrando los pies y con los pies hacia fuera. Otros avanzan empujados por los brazos y el pecho, con la cabeza adelantada, mientras las piernas se esfuerzan por seguirlos. En ambos casos, la mitad superior del cuerpo y la inferior reflejan diferentes intenciones, y el movimiento del cuerpo no es coordinado ni congruente.

 

Descubre tus bisagras

En la posición en la que estás ahora, imagínate que tus articulaciones son bisagras y explora el movimiento de las articulaciones de pies y piernas. Observa cómo puedes mover los dedos de los pies hacia arriba y hacia abajo. Cuando los cinco dedos se flexionan juntos, sus articulaciones forman una bisagra horizontal que abarca toda la anchura del pie. Mueve el pie hacia arriba y hacia abajo con la bisagra que tienes en el tobillo, este movimiento es básico para caminar. De pie sobre una pierna, balancea la que tienes levantada desde la bisagra de la rodilla, y el muslo desde la bisagra de la cadera.

Después camina y siente el funcionamiento de los cuatro pares de bisagras. Observa si alguna de ellas parece más activa que las otras. Si caminas partiendo de la pelvis e inclinas el torso hacia atrás, sentirás el movimiento en las rodillas, pero tendrás poca sensación de la acción de la bisagra de los tobillos y los dedos de los pies. Si andas impulsándote con la parte superior del cuerpo, puede que seas consciente de un fuerte empuje proveniente de los dedos de los pies, pero que tengas poca conciencia del movimiento en las articulaciones de la cadera.

Una movilidad deficiente además de condicionar nuestra postura va a provocar fatiga y una menor resistencia muscular. Pero debemos entender que la mejora no se va a producir haciendo ejercicios de resistencia para el músculo débil sino realizando un sistema de movimientos que ponga a trabajar a todos los sistemas corporales, incluido el sistema nervioso central. Y solo se consigue haciendo los ejercicios con un control del movimiento y desde la conciencia corporal, y esto tiene un nombre Contrología, aunque hoy en día todo el mundo lo conoce como el ME “La Contrología, desarrolla el cuerpo de manera uniforme, corrige posturas incorrectas y recupera la vitalidad física a la vez que da vigor a la mente y eleva el espíritu” Joseph Pilates.

 

Pilates y postura

En Pilates, hay ciertos movimientos básicos que se repiten una y otra vez con el fin de integrar aquellos patrones de movimiento saludables que sustituyen a los disfuncionales. Estos nuevos patrones proporcionan un uso óptimo del cuerpo, utilizando aquellos músculos “olvidados” durante la jornada laboral y reeducando la postura para prevenir “males” mayores. Cada movimiento requiere la coordinación de cientos de músculos que trabajan al compás. ¿Sabías que incluso los movimientos de precisión de una mano al escribir necesitan la participación activa de los músculos de la pelvis?

La esencia del control del movimiento humano está en tener estable el segmento somático central o centro de energía. Podemos describirlo como la zona que va por delante del cuerpo desde la parte baja de la caja torácica hasta una línea que pasa por las articulaciones coxofemorales y, por la espalda, hasta la base de los glúteos. Si el centro de energía se emplea adecuadamente, las extremidades podrán moverse de manera más coordinada y con menos gasto de energía. Joseph Pilates le dio el nombre de Powerhouse, es nuestra mansión del poder, es el origen de todo movimiento, sustento de la columna y de los órganos internos.

No debemos olvidar que los movimientos repetitivos, los gestos habituales van dejando una huella en nuestro cuerpo, van definiendo nuestra postura y la postura cuenta la historia de nuestra vida. Muchas personas pasan el día sin ser conscientes de su cuerpo, hasta que este presenta un fallo. Con palabras sencillas, Joseph Pilates, comparaba la capacidad de moverse natural y eficazmente con la conducción de un coche por el campo, con subidas, bajadas y curvas, de forma suave y tranquila. Lo contrastaba con ir por la misma carretera con un coche desestabilizado, errático y descontrolado, que acaba teniendo un accidente. Nos instaba a cuidar nuestra máquina (el cuerpo) y a aprender a “conducir”, a coordinar el cuerpo, la mente y el espíritu para poder disfrutar de una vida plena y saludable.

Sus palabras todavía resuenan llenas de verdad y son perfectamente válidas para el siglo XXI, al considerar que la mente, el cuerpo y el espíritu se funden formando un todo, de tal forma que si uno de los sistemas corporales está alterado todo el ser humano se verá afectado.

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