la química de la cosmética

La química de la cosmética

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Desde que nuestros antepasados descubrieran las plantas que desprendían aroma y que estas podían limpiarles o perfumarles ha llovido mucho. Hemos ido evolucionando de cosméticos rústicos, básicos, hasta hoy día en que, casi casi, a cada parte del cuerpo le corresponde una forma cosmética específica. El mundo de la química de la cosmética se ha ido haciendo cada vez más sofisticado y las fórmulas que incluye también, hasta el punto que en la actualidad está utilizando sustancias demasiado complejas y manipuladas. Y es cuando el ser humano integral y ecoconsciente se plantea hasta qué punto todo esto es necesario para mantener la belleza y la salud de la piel; si es verdaderamente efectivo o si es que cumple ya un papel más bien de pura promoción y consumo.

Se ha hablado mucho de los inconvenientes de utilizar la cosmética convencional y las ventajas de la cosmética natural y orgánica, pero aún quedan cosas por contar, nuevos ingredientes que diseccionar, procesos que rechazar… más evidencias que nos acercan al consumo responsable y ecológico. Y es que no hay que ser muy vivo para darse cuenta que la Industria Cosmética mueve muchísimo interés económico y suscita una gran expectativa en el público. Reconocido este punto, no es de extrañar que muchos cosméticos sean “puro placebo” y que el cosmético convencional lleve más ingredientes para que su aspecto sea apetecible e inmaculado que para que sea eficiente. Y esto tiene una explicación lógica: la piel no necesita tantos remilgos para lucir sana y bella. Me explico: existen estudios científicos de la eficacia de cosméticos sencillos con 4 o 5 ingredientes, pero incluso de aceites vegetales aislados con algún aceite esencial. ¿Por qué, entonces, reconocidas marcas sofisticadas y de lujo se empeñan en hacer fórmulas tan complejas?

Tienen tantos ingredientes que ya ni caben en la etiqueta y los tienen que indicar a parte. Sinceramente, como naturópata y bióloga, tras 15 años trabajando con ingredientes naturales e impartiendo clases de cosmética natural, creo que mantener una piel bella no necesita tanto. Una adecuada higiene, hidratación con productos de calidad y algún complemento cosmético puntual, será suficiente, porque todo esto debe realizarse a la par con una buena nutrición interna, es decir, una alimentación saludable así como unos hábitos de vida equilibrados.

¿Por dónde empezamos?
En primer lugar, para saber si la cosmética que utilizo es buena, regular o pésima, debemos estar informados y, sin fanatismos, decidir si los ingredientes que incluye me convencen o no. Pues como los sintéticos y manipulados, algunos ingredientes naturales también pueden presentar riesgos y contraindicaciones (recordemos que también hay plantas y minerales tóxicos o alergogénicos). Para saber qué estoy consumiendo debo investigar los ingredientes que lleva. Los productos cosméticos deben incluir su lista de ingredientes en el etiquetado del envase. Se presentan bajo la denominación INCI (acrónimo de International Nomenclature Cosmetic Ingredients) y, siguiendo la normativa, se deben mostrar los componentes presentes en orden de participación en la fórmula de mayor a menor cantidad. Se denominan en inglés y se identifican las especies vegetales en latín.

Esto nos ha permitido conocer la formulación de los productos que se comercializan y descubrir muchas sustancias interesantes, a la vez que otras de efectos perjudiciales. La cosmética convencional incluye fórmulas extensas y ricas en ingredientes sofisticados, pero mayormente artificiales o sintéticos: derivados del petróleo, tensiactivos agresivos, conservantes irritantes, mutagénicos, etc. Para saber si un producto es problemático, podemos recurrir a la tabla comparativa que aparece en este artículo. En ella se comparan los grupos de ingredientes que utiliza la cosmética convencional con relación a la natural.

Procesos no naturales
Para considerar que un producto es natural debe incluir principalmente sustancias naturales, también se permiten sustancias de origen natural y, en menor proporción, sustancias semi-naturales. Sustancias naturales son las obtenidas de origen botánico, animal (que no implique su sacrificio) o mineral-inorgánico, o a partir de sus mezclas o bien son producto de reacciones entre ellas. Sólo aquellas que se obtuvieron por procesos físicos, destilación, ajustes de pH con tampones naturales o métodos enzimáticos y microbiológicos con enzimas o microorganismos naturalmente presentes en las materias primas.

Las sustancias de origen natural pueden incluir productos aislados y purificados a partir de sustancias naturales como los componentes de grasas naturales (ácidos grasos), los recompuestos o componentes de aceite esenciales, las sustancias conservantes aisladas de fuentes naturales, los pigmentos o colorantes aislados de fuentes naturales, etc.

Las sustancias semi-naturales son aquellas que se obtienen por reacciones químicas básicas con sustancias naturales (hidrólisis, esterificación, biotecnología…). Ni las materias primas ni los productos elaborados finales habrán sido sometidos a ningún tipo de radiación ionizante, ni derivarán de organismos modificados genéticamente (no GMO).

La cosmética convencional también utiliza numerosos productos naturales, aunque en muchos casos, además de combinarla con productos problemáticos o  tóxicos, suele obtenerlos por mecanismos o procesos no del todo naturales. Por ejemplo:

• Manipulación genética. Muchos productos naturales son OGM, en Cosmética natural no se permiten.

• Origen animal. Está permitido el uso de productos que procedencia animal, pero NO está permitido el uso de productos derivados de animales sacrificados o amputados. En la Cosmética convencional encontramos muchos ingredientes obtenidos de animales sacrificados (esperma de ballena, aceite de visón, grasa de tortuga, extracto de glándulas genitales de jineta o del ciervo almizclero…) especialmente dentro de las materias para perfumes. En la Cosmética natural a penas se utilizan productos procedentes de animales, y ninguno derivado de sacrificio; sólo productos elaborados por ellos: apícolas, lanolina, lácteos…

• Testado en animales. Aunque cada vez hay más productos de cosmética convencional que intentan no experimentar con animales, siguen torturándolos en el laboratorio con cremas y perfumes… por ello, en cosmética natural no está tolerado este proceso.

• Etoxilación: proceso no respetuoso con el medio ambiente en la que se produce una reacción química con el óxido de etileno. Por ejemplo, en la producción de PEG, PPG…

• Ionización o sometido a radiaciones. Las radiaciones ionizantes se utilizan para “higienizar” las materias primas (matar microorganismos, esporas, etc.). Pueden ser mutagénicas, además de alterar la estructura de numerosos principios activos biológicos presentes en las materias vegetales, por ello, no se permite nada que haya pasado por radiación en la cosmética natural.

• Síntesis o transformación de fragancias: muchas fragancias se obtienen por imitación de los aromas naturales o por modificación de las extraídas de lo natural. Así, las fragancias sintéticas idénticas a las naturales y las de origen natural químicamente modificadas, no están permitidas en cosmética natural.

Cosmética sana
Como vemos, es muy complejo saber el verdadero origen y los procedimientos que han sufrido las materias primas, incluso el más simple de los aceites vegetales obtenido por presión mecánica puede proceder de manipulaciones artificiales. Por ello, debemos conocer muy bien los métodos de obtención y el origen de donde proceden, pero esto es tarea difícil y confuso para la mayoría de personas.

¿Qué opción nos queda? Escoger productos elaborados con ingredientes sencillos, principalmente naturales y de cultivo ecológico. Bien buscamos cosméticos de marcas que nos inspiren confianza o que aporten un aval ecológico, bien nos animamos a elaborar nuestros propios cosméticos. Con pocos ingredientes naturales y saludables podemos crear infinidad de fórmulas de cosmética ecosana de elevada calidad y a precio razonable.

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