La infancia e internet: Entre la protección y la participación

“Mamá, necesito un móvil con acceso a Internet”, apela una niña de 12 años a su madre. “¡Ni hablar! ¿Pero tú sabes las cosas tan terribles que ocurren en Internet?”, contesta la madre. “¡Pero lo necesito! En mi clase han creado un grupo de Whatsapp donde se ayudan con los deberes e intercambian ideas para los trabajos… También quedan, opinan, se divierten…”

Esta es una conversación inventada, pero refleja el dilema al que muchas familias, profesores, empresas y gobiernos se enfrenten a la hora de definir su posición ante la infancia en Internet. La respuesta debe mantener un equilibrio entre el derecho a la participación y la protección. Expandir el acceso a Internet para todos los niños y niñas es esencial para garantizar algunos de sus derechos fundamentales. Sin embargo, esta estrategia debe ir acompañada de un mayor esfuerzo colectivo por construir un Internet más seguro para la infancia.

No cabe duda de que Internet se ha convertido en una parte integral de nuestras vidas. Ha introducido nuevos modelos de trabajo, nuevos hábitos de ocio e incluso nuevos medios de movilización política. La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) estima que, a finales de 2014, habrá cerca de tres mil millones de usuarios de Internet en todo el mundo, dos tercios de los cuales procederán de países en desarrollo. Esto convierte a Internet en uno de los instrumentos más poderosos del siglo XXI para facilitar el acceso a la información y la participación de los ciudadanos en la construcción de sociedades más democráticas. Y la infancia no es un colectivo ajeno a este fenómeno. A finales de este año, casi la mitad de los hogares del mundo (un 44%) dispondrá de acceso a Internet (UIT). Para los niños, niñas y adolescentes en estos hogares, Internet forma parte de su integración en la sociedad, de su educación y de su vida cotidiana.

A través de la conexión a la Red, de los teléfonos móviles y de otros dispositivos electrónicos, los niños y niñas acceden a unos niveles de comunicación, información, cultura y entretenimiento que no podíamos ni soñar hace veinte años. Para muchos niños y niñas en todo el mundo, Internet es una herramienta clave a la hora de ejercer su derecho al acceso a la información, a la libre expresión y asociación y a ser consultados y a dar su opinión en los asuntos que les afecta. También constituye una vía para disfrutar del ocio, la diversión y el juego o para mejorar su educación. Expandir el acceso a Internet para todos los niños y niñas, sin ningún tipo de discriminación ni exclusión, se convierte por tanto en una de las estrategias fundamentales en la defensa de los derechos de la infancia. Pero junto a las enormes oportunidades que brinda Internet, también existen importantes riesgos. La publicación de imágenes de abuso sexual infantil, la exposición a contenidos adultos o violentos, el ciberacoso y otros tipos de acoso en la Red, suponen importantes peligros para la infancia. Peligros que, en un mundo virtual, sortean muchas de las medidas de protección que sí funcionan en el mundo real. En este contexto, es fundamental que las familias, los educadores, los gobiernos y las empresas se comprometan a ejercer su responsabilidad con la construcción de un Internet más seguro para los niños y niñas, un internet más seguro para el presente y el futuro de todos.

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