Feng Shui, energía armónica

Todo practicante de Feng Shui debiera saber que hacer los cambios parte de su propia sintonía con la tierra, con las venas de dragón pero también con su armonía con el ki celestial. Eso significa que todo estudio de Feng Shui se realiza desde la energía vital del experto. No importa si el trabajo es grande o pequeño, lo que de verdad importa es que la conexión con la energía vital del entorno sea lo más fluida posible para que nos desgastemos lo mínimo imprescindible.

Por esa razón puede haber códigos diferentes, órdenes totalmente contrarias dependiendo de las escuelas que conozcamos o que represente cada profesional, pero en el fondo el remedio será o no válido dependiendo de la canalización que cada profesional haya hecho. Eso significa que alguien enfermo o que le dé demasiada prioridad a los datos técnicos sin buscar su propio equilibrio no será nunca un buen experto. Necesitamos cultivar nuestra salud, nuestra armonía con el ki de cielo y tierra, de viento y agua para poder ser efectivos.

Si partimos de esa base podemos entender la tradición del doble pago que incluso los más prepotentes emperadores chinos respetaban. Por un lado está la comisión de servicio, es decir, precio que solicita por sus conocimientos el profesional. Por otro lado está el sobre rojo. Dentro se coloca una cantidad que no debiera exceder el doble de los honorarios que hubiese estipulado el experto por su estudio pero tampoco debiera ser menos de ese precio. El sobre rojo es la manera de “cicatrizar” el trabajo energético de conexión para sacar el máximo provecho a los  conocimientos, es el pago por la entrega de “vitalidad” del profesional y se considera la parte más importante. No debe ser menor que sus conocimientos ya que esta energía debe ser al menos igual a su nivel de conocimientos pero no debe ser más del doble ya que pasaría a ser simplemente un arte adivinatorio o energético sin base en las reglas que los otros expertos de la misma rama ayudan a crear como cimientos de la técnica.

Una técnica basa su eficacia en el número de seguidores pero también en la calidad de estos. La calidad no depende sólo del nivel de estudios aunque este resulte imprescindible en mi opinión, sino sobre todo de la seguridad del experto en lo que está haciendo. De esta manera un profesional con más experiencia acoge más “poder” para repartir en lo que está haciendo. Pero hay que repetir la importancia de cultivar la salud para poder sintonizar con el entorno por lo que este arte precisa de un espíritu templado y un equilibrio orgánico.

Quizás por eso una de las aplicaciones básicas en Feng Shui sea la salud. En ocasiones no podemos hacer todos los cambios de golpe, lo tenemos que hacer en varias etapas en función de la adaptación de la persona. Si el cliente está enfermo no podemos introducir los mismos cambios que en una persona pletórica ya que aunque busquemos la armonía del entorno no necesita lo mismo una persona que otra.

Si hacemos un paralelismo con alguien que está en silla de ruedas temporalmente: le tendremos que colocar las cosas en los armarios bajos para que pueda acceder a ellas y a medida que vaya mejorando y deje la silla de ruedas ya las pondremos en armarios más altos que le pillen a la altura de los ojos. Pues en este arte pasa similar: el caudal de energía que es capaz de admitir una persona enferma y lo que puede hacer con ella es diferente que cuando recobra la salud lo que nos obliga a cambios diferentes en función del estado en que se encuentre. No siempre hablamos de cambios drásticos, eso depende de escuelas. En una ocasión llegó una persona a la consulta angustiada porque había leído en un libro que las medidas de ancho de su habitación no eran correctas y debía tirar la pared para desplazarla unos diez centímetros y que de esa manera se corrigiese el problema. Si bien es cierto que podemos encontrar escuelas así de estrictas no son habituales ya que los expertos pueden canalizar esos “problemas”-si realmente lo son- con medidas mucho menos drásticas.

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