Feng Shui – El Chi

Partimos de la base que todo y todos somos energía. Podemos tener un cuerpo perfecto que sin una energía vital que lo anime no es absolutamente nada. Lo mismo podemos decir de un lugar: la sensación que tenemos en un parque botánico no es la misma que en un monte aunque tengamos en consideración los mismos árboles. Esto es así por que la naturaleza crea un sistema que si no es el ideal (seguramente en un entorno especial se pueda mejorar) sí hace una simbiosis única con una energía creada a su imagen.

Esa energía tiene una característica básica: tiene que moverse, tiene que circular. Los flujos de energía son llamados por la cultura china meridianos y por la tradición ayurvédica srotamsi. En un entorno físico los chinos lo llamaron tigre y dragón. Esa es una manera de explicar dos energías: una activa y otra pasiva, una destructora y otra conservadora. En Feng Shui debemos encontrar no sólo estas grandes corrientes sino los “raíles” de la energía (que ellos llaman chi) en cada lugar; para lo cual podemos emplear las varillas o el péndulo (aunque también hay máquinas específicas que lo miden) será la mejor forma de analizar las líneas o aliento de dragón que recorren la tierra. Estas líneas son parte de la información que hay que valorar (en occidente a día de hoy se les llama Hartman a alguna de ellas aunque dependiendo de las distancias y la dirección también tienen otros nombres pero no son lo importante sino cómo nos afectan).

En general en un análisis de la energía de un lugar distinguimos varios puntos: en primer lugar la energía cósmica que es la información con la que se nace. Lo valoramos con la fecha de nacimiento de la persona para quien miramos el Feng Shui y si es una empresa con su fecha de alta como tal. Después está la energía terrestre, con la distribución de la energía de los cinco animales que en general valora cómo vas a poder desarrollar tu propio potencial (cómo lo que te rodea te deja ejercerla).

La energía bagua sería la tercera, cómo se distribuye la energía interna del lugar a veces con brújula y a veces sin ella pero que marca cómo aprovechamos las oportunidades. La ultima sería la energía personal en la que la brújula es imprescindible (no siempre el Luo-Pan -que es la brújula original china para el Feng Shui- aunque este nos permite encontrar con más facilidad el número kua, desde el que luego vamos a valorar la distribución del lugar según el norte magnético).

En cualquier caso siempre se busca un buen chi, no suerte, parejas, trabajo o cosas así; ya que el concepto es que una energía positiva es aquella que circula, que se mueve. Denominamos Sheng chi a la que se produce en forma de ondas, que tiene que adaptarse a los obstáculos adoptando formas curvas y responsable de una mayor calidad de los iones negativos; los cuales nos permiten estar más despiertos, más activos. Por oposición tenemos el Shar chi o energía que se mueve en línea recta, energía que al final se estrella (y uno con ella) responsable de la mayor cantidad de iones positivos los cuales producen aletargamiento, debilidad e irritabilidad.

Pero a veces tenemos que valorar cosas que los antiguos no tenían que sufrir. Me refiero a la gran cantidad de elementos que a día de hoy aumentan y desestabilizan estos iones como la radiación de microondas, televisiones, móviles, ordenadores y en general la electricidad y su cableado que nos rodean y cuya importancia es imprescindible valorar para encontrar un buen equilibrio y que el Feng Shui sea útil.

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