DHA para la salud visual

Los ácidos grasos omega-3 (principalmente los de origen marino), son un tipo de grasas que no dejan de sorprendernos por su amplio abanico de bondades. Los cada vez más numerosos estudios en la materia, no hacen sino ampliar y profundizar en los múltiples mecanismos de acción que avalan sus bondades y eficacia en numerosos ámbitos de nuestra salud.

Aunque existen omega-3 de origen vegetal (ej. ácido linolénico de semillas y frutos secos), los de origen marino son quizás los más estudiados y los que mayores beneficios aportan a nuestra salud, siendo sus ácidos grasos más relevantes el ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA). El DHA es quizás el que cuenta con un abanico de bondades más amplio, aunque el EPA también cuenta con atributos de gran interés, tal y como se muestra muy resumidamente en la siguiente tabla:

 

DHA PARA LA SALUD VISUAL

En las siguientes líneas, se va a intentar destacar la importancia del DHA a nivel visual. Para ello, se empezará con un sencillo esquema donde poder destacar los principales elementos del sistema visual:

De manera resumida, el recorrido que haría un haz de luz desde el exterior hasta la parte más interna del ojo sería el siguiente:

1. El haz de luz atraviesa la cornea (‘blanco del ojo’). Si hay mucha luz, el iris (parte coloreada del ojo) por la acción de unos músculos, se extendería hacia el centro del ojo, con el fin de que no entre tanta luz por la zona central del ojo o pupila (negro del ojo) y si hubiera poca luz, entonces ocurriría lo contrario, esto es, el iris se retraería hacia la periferia y con ello la pupila se dilataría (como el diafragma de una cámara fotográfica), para así permitir que pase el máximo de luz.

2. Esta luz, atravesará una lente llamada cristalino, que por acción de unos músculos, es capaz de ajustarse para ofrecer el mejor enfoque posible.

3. La imagen observada se trasladará a la retina, que viene a ser una ‘pantalla de cine’ donde se proyectan las imágenes de lo que vemos. En esta zona hay dos importantes células visuales (o fotorreceptores): los conos, unas células importantes en la visión diurna y de color, y los bastones, más implicados en la visión nocturna e intensidad luminosa. Asimismo, la zona central de la retina se llama mácula, y aunque tan sólo se trata de un pequeño punto en la inmensidad de la retina, es la responsable de la visión nítida y definida de los objetos que nos rodean (‘agudeza visual’).

4. Por último, la imagen reflejada en la retina pasará al nervio óptico, el cual la hará llegar al cerebro, donde el área visual interpretará dicha imagen. Al proceso por el cual las imágenes que vemos se transforman en una señal eléctrica que finalmente llegará al cerebro para su interpretación final se denomina fototransducción. Tras este breve recorrido por el sistema visual, uno se preguntará dónde entra el protagonismo del DHA… Pues bien, en la tabla de la derecha se exponen los elementos objetivos y contrastados que convierten al DHA en un ácido graso clave para un óptimo funcionamiento del sistema visual:

A través de distintos estudios se ha visto como la toma de DHA puede ayudar en problemas de superficie de ojo (ej. ojo seco, úlceras corneales), degeneración macular asociada a la edad (DMAE), blefaritis (inflamación párpados), e incluso puede ayudar en el glaucoma. A la hora de recurrir a un complemento alimenticio de soporte a base de DHA, los mejores resultados se consiguen con formas puras y concentradas. En cuanto a las dosis:

• en casos donde hay un problema visual declarado, la dosis recomendadas de DHA serían 3-4 gramos DHA/día. Un plazo de 3 meses, suele ser suficiente para evidenciar mejorías que, en muchos casos, suelen evidenciarse dentro del segundo mes.

• los beneficios derivados de la toma de DHA pueden asimismo evidenciarse en personas sanas en las que, a priori, no hay un problema visual serio. En estos casos, la toma de 1-2 gramos/día de DHA va a ofrecer, en muchos casos, una mejora evidente de la visión, ya que es habitual notar una visión más limpia y nítida. Al igual que en el caso anterior, los efectos derivados de la toma de DHA se suelen empezar a notar hacia el segundo mes tras iniciar su toma.

Nota: a menudo, aquellas personas que toman DHA para mejorar o apoyar su función visual, más allá de las posibles mejoras en su visión, suelen tener efectos ‘colaterales’ añadidos como son: mente más despejada, ánimo más modulado o sereno, mejor concentración, piel más jugosa y/o algo más de energías…. Salta a la vista que estos efectos, lejos de ser indeseables, dan un valor añadido que lo hacen especialmente atractivo.

Aclaración: la toma de DHA a menudo resulta en una visión mejorada y esto se debe a una mejora en la agudeza visual derivada de un mejor funcionamiento de la mácula o zona central de la retina. Esta mejora puede darse en personas sin gafas o en personas que tienen gafas para vista cansada (‘presbicia’). En sí mismo, el DHA no va a corregir el problema que genera la presbicia, sin embargo, el mero hecho de mejorar la función de la zona central de la retina, se traduce en una mejora clara y objetiva de la visión. Asimismo, en el caso de personas que tienen miopía, hipermetropía o astigmatismo, el DHA no va a poder corregir estos problemas, pero una vez más, al mejorar la función de la retina, va a traducirse en un ojo más saludable.

Por tanto y para concluir, los omega-3 y en este caso el DHA, para nada son una moda ‘pasajera’ y por méritos propios, cada día están ganándose un más que merecido puesto en el ‘Olimpo’ de los Complementos Alimenticios.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *