Desnutrición infantil – Derecho a la supervivencia

La desnutrición infantil crónica mantiene atrapados en el círculo de la pobreza a casi 200 millones de niños y niñas en el mundo, lo que impide el desarrollo de cada uno de esos niños y niñas, de las comunidades en las que viven y de sus países. En el mundo hay suficiente comida para que toda la población pueda alimentarse adecuadamente; sin embargo, se desperdicia entre un 30% y un 50% de todo el alimento que se produce, y en los países desarrollados se calcula que se desperdicia alrededor de una cuarta parte de la comida que compran las familias.

Aunque los países en desarrollo han conseguido logros significativos, los datos de esos logros reflejan valores promedio, mientras que la diferencia entre pobres y ricos sigue aumentando. De ahí la importancia de que las soluciones tengan un enfoque de equidad para llegar a las poblaciones más vulnerables y con mayores dificultades para acceder a sus derechos. Existen ejemplos de éxito en muchos países que demuestran que el impacto de las soluciones es incomparablemente mayor y más efectivo cuando se trabaja con un enfoque de equidad. Se trata de soluciones factibles, rentables y efectivas en términos de nutrición, salud, educación y desarrollo en general.

La desnutrición infantil es el resultado de la ingesta insuficiente de alimentos (en cantidad y calidad), la falta de una atención adecuada y la aparición de enfermedades infecciosas. Detrás de estas causas inmediatas, hay otras subyacentes como son la falta de acceso a los alimentos, la falta de atención sanitaria, la utilización de sistemas de agua y saneamiento insalubres, y las prácticas deficientes de cuidado y alimentación.

En el origen de todo ello están las causas básicas que incluyen factores sociales, económicos y políticos como la pobreza, la desigualdad o una escasa educación de las madres. La emergencia que se vive en el Cuerno de África ha puesto en la agenda política y en primera línea informativa el problema de la desnutrición. Más de 13,3 millones de personas, la mitad de ellas niños, viven una situación crítica.

Se trata, sin embargo, de la punta del iceberg de un problema trascendental para los países en desarrollo, donde cerca de 200 millones de niños sufren desnutrición crónica. Una realidad menos visible, pero que les dejará secuelas para el resto de sus vidas. Aunque la responsabilidad principal en el cumplimiento de los derechos de la infancia recae sobre los Estados, la Convención sobre los Derechos del Niño también hace especial hincapié en el papel imprescindible del conjunto de la sociedad para que el reconocimiento y la práctica de estos derechos sean completos. Cada uno de nosotros podemos hacer mucho para impulsar el cumplimiento de los derechos de la infancia y, en concreto, para avanzar en la lucha contra la desnutrición infantil.

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