Niños y ciudades: Niños y niñas en un mundo cada vez más urbano

A pesar de que muchas veces asociamos la pobreza de la infancia sobre todo a ámbitos rurales de los países en desarrollo, las ciudades no son ajenas a las miserias de millones de niños y niñas, tal y como recoge el informe de UNICEF Estado Mundial de la Infancia 2012. Una mayor urbanización es irresistible. Dentro de pocos años la mayoría de los niños y niñas residirán en ciudades grandes y pequeñas; no en zonas rurales. El 60% del aumento en la población urbana corresponde a menores que nacieron en las ciudades.

Las personas se desplazan a las ciudades en busca de oportunidades para mejorar su vida. Pero el crecimiento urbano, en muchas regiones, no lleva consigo un desarrollo paralelo de las infraestructuras ni de los servicios. De esta manera, los niños y niñas tampoco tienen cubiertas sus necesidades básicas a pesar de residir en esas ciudades.

Así, en contra de lo que la mayoría pudiéramos pensar a priori, de los más de 1.000 millones de niños y niñas que viven en zonas urbanas de todo el mundo al menos 200 millones padecen pobreza; el 20%. Un número creciente de ellos no tienen accesos a servicios como agua potable, electricidad, educación o salud. En 2010 murieron ocho millones de personas que no habían llegado ni a su quinto cumpleaños. Diarrea, neumonía y complicaciones durante el parto fueron las principales causas de esta elevada mortandad.

 

NIÑOS Y CIUDADES

El hambre y la desnutrición infantil es un problema cada vez más acuciante en el ámbito urbano, donde la población infantil carece en su alimentación de elementos esenciales como algunas vitaminas y minerales que se encuentran en la fruta, las legumbres, el pescado y la carne. El aire contaminado del interior de las viviendas es la principal causa todos los años de la muerte de dos millones de menores de cinco años. Además, la vida urbana también los expone a altos niveles de contaminación del aire exterior.

El ámbito urbano esconde muchas disparidades que quedan camufladas bajo el frío balance de las estadísticas, que agrupan en el mismo análisis a todos los habitantes de una ciudad; ricos y pobres. Las necesidades y penurias de los más desfavorecidos corren el peligro de pasar desapercibidas generando verdadera exclusión social. La inequidad está a la vista en el ámbito urbano. Las condiciones de vida en muchas ciudades son extremadamente duras para niños y niñas, a quienes se les obliga a realizar trabajos peligrosos y son víctimas de la explotación.

Las condiciones de hacinamiento e insalubridad en la que muchos viven, hacen que los tugurios urbanos sean zonas de un alto riesgo de contraer enfermedades transmisibles. El crimen y la violencia afectan a cientos de millones de niños y niñas en las áreas urbanas.

La pobreza y la falta de equidad son las razones fundamentales en el origen de la violencia y la criminalidad, que alcanzan las tasas más altas en aquellos lugares en los que los servicios públicos, las escuelas y las zonas de recreo son insuficientes.

Con el propósito de revertir una situación tan terrible para millones de niños y niñas, UNICEF aboga por la puesta en marcha de cinco medidas urgentes para hacer que las ciudades y las sociedades sean más justas y acogedoras para todos. La primera premisa es comprender el alcance y la naturaleza de la pobreza, para lo cual es necesario mejorar la precisión de las herramientas de recogida de datos. Una vez comprendido cómo evoluciona la pobreza y la exclusión y de qué manera afecta a la infancia, es preciso eliminar los obstáculos que dificultan la inclusión mediante políticas más equitativas.

Garantizar y satisfacer una infraestructura adecuada y el acceso a los servicios, además de promover la asociación entre los gobiernos y los habitantes pobres involucrando a los niños y niñas y a los jóvenes son pasos básicos para el cambio. El trabajo en común –uniendo energías y recursos- de los actores internacionales, nacionales, municipales y comunitarios deberá ser fundamental en lograr mejoras sostenibles en los derechos de la infancia. La equidad debe ser el eje central de las intervenciones a favor de los niños y niñas de las zonas urbanas.

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